miércoles, 27 de octubre de 2010

Descubriendo Nueva York

Por cuestiones de trabajo me tocó venir a Nueva York. Desde el momento de la partida fue una situación de sensaciones encontradas. A quién no le interesa venir a Nueva York? A quién no le gusta conocer la capital del mundo moderno? Y sin embargo esta sola idea de venir al mundo imaginario de las películas y de los gigantes de este mundo me disgustaba en cierta manera. Pero también lo quería vivenciar.
Todo me resultó exagerado. Desde la bolsa de popcorn en el cine hasta la cantidad y las dimensiones de los edificios de Manhattan. Los puentes de acero con su imponencia y su complejidad de acceso. La vista nocturna. Los contrastes entre el Barrio Latino y el SoHo, entre el Down Town y la Little China, entre el Central Park o la Union Square. Las luces de la Times Square y el flujo de gente yendo y viniendo un sábado por la noche me alucinaron.
Sentí el empuje de esta gente que parece estar siempre de buen humor, algo que he extrañado muchísimo en París y mucho más en las ciudades alemanas. Todos bromean, tienen un chiste y quieren... VENDERTE algo.
Todos venden. Todos están ocupados y todos son importantes. Elegantes, bien puestos y con un paso decidido, estos neoyorquinos salen a conquistar el mundo todas las mañanas como el héroe de Pinky y Cerebro.
De repente uno entiende que es fácil inspirarse en hacer un Jurasic Park cuando uno ve los dinosaurios del museo de historia de la naturaleza y no es díficil soñar con superhéroes que vuelan y se trepan por los rascacielos. Es muy fácil dejarse inspirar por el positive thinking y llegar a creerse un dios del partenón ateniense.
Sin embargo, a pesar de todo eso... la ciudad parece estar hueca. No se ve cultura ni en la gente que la habita ni en los lugares por donde uno anda. Todo es como una carpa de circo llena de luces de colores y con gente que hace todo tipo de piruetas pero no hay nada más. Debe haber excepciones, pero la fisonomía de la ciudad, sus negocios, sus museos (con excepciones) y su gente hablan demasiado de superficialidad. Enjoy it! You got it! It's fun! son los típicos argumentos para justificar el comportamiento diario de la gente.
Pero bueno, allá ellos. Yo me vuelvo a casa con una lección de empuje y de ganas de trabajar y construir... pero con poca sensación de admiración o de considerar este estilo de vida yankee como un modelo a seguir. No hay duda que son capital del mundo globalizado de hoy y que son la cúspide del poder occidental. También es cierto que les queda mucho por aprender a cerca de lo que realmente el ser humano es y necesita y están muy lejos de formar una civilización que respete las necesidades del mundo moderno.