Hace ya muchos años, recuerdo, mi abuelo, el del campo, solía tener las uñas marrones de la tierra que trabajaba durante el día. No eran manos sucias sino mano de trabajador de la tierra. Hoy caminando me asombré de la cantidad de años que hace que no veo uñas así, en gente que vuelve del trabajo de la tierra rebosando de salud y con hambre bien ganado.
He visto uñas sucias, que es muy diferente, en las manos de mendigos, de chicos pobres que andan en la calle o de mujeres que se ganan la vida injustamente limpiando baños ajenos. De esas uñas sucias hay muchas en nuestro mundo de hoy que ya poco sabe de la relación del hombre con la tierra.
